Hay muchas cosas que viven dentro de mi cabeza y nunca llegan a salir. No porque no existan, ni porque no tengan importancia, sino porque, de alguna forma, se quedan atrapadas justo antes de convertirse en palabras. Es como si hubiera una barrera invisible entre lo que siento y lo que realmente digo.
A veces me gustaría decir que algo me importa más de lo que aparento. Que detrás de una respuesta simple hay mil pensamientos que no me atrevo a explicar. Que hay cosas que sí me afectan, aunque por fuera parezca que no. Pero en lugar de eso, sonrío, hago como si nada y dejo que el momento pase.
También hay veces en las que quiero decirle a alguien que me gusta su forma de ser, cómo habla, cómo mira, o cómo sin darse cuenta cambia mi día solo con estar cerca. Pero no lo digo. Me lo guardo. Como si al decirlo en voz alta fuera a romper algo, o a cambiar la forma en la que todo está ahora.
Y luego están las palabras que pesan más. Las que no digo porque sé que podrían complicarlo todo. Porque a veces hablar significa abrir una puerta que no sabes cómo cerrar después. Entonces eliges el silencio, aunque por dentro haya ruido. Mucho ruido.
Es curioso, porque hay conversaciones enteras que solo existen en mi mente. Explicaciones, confesiones, respuestas perfectas que nunca llegan a pasar en la realidad. En mi cabeza todo tiene sentido, todo fluye, todo encaja. Pero en la vida real… me quedo callada.
Supongo que todos tenemos ese lado donde sentimos más de lo que mostramos. Donde pensamos más de lo que decimos. Y donde callamos cosas que, en el fondo, nos gustaría que alguien entendiera sin necesidad de explicarlas.
Porque no siempre es miedo. A veces es protección. A veces es no querer arriesgar lo que ya hay. Y otras veces… es simplemente no saber cómo poner en palabras algo que se siente demasiado.
Y así, poco a poco, voy acumulando frases que nunca dije, pensamientos que nadie escuchó y emociones que se quedaron en pausa. Como si formaran parte de una historia que existe… pero solo dentro de mí.
Y también hay cosas más simples que nunca digo, como que no me gusta que me comparen, porque aunque parezca algo pequeño, es de esas cosas que se quedan dando vueltas más tiempo del que deberían.
SALUDOS
No hay comentarios:
Publicar un comentario